¿Rescatar o no rescatar cuando el niño “se abuuurre”?
Seguro que ya lo han escuchado: apenas terminan los dibujos animados y en casa suena un largo «Me abuuurro». El niño camina por el apartamento sin saber qué hacer y vuelve a pedir que enciendan la pantalla.
Pero el aburrimiento no es solo una pausa entre actividades. Es un espacio en el que el niño tiene la oportunidad de inventar algo propio.
Veamos por qué los niños de 7 a 12 años se aburren con frecuencia y cómo podemos acompañarles en este sentimiento.
¿Por qué los niños se aburren?
El aburrimiento aparece cuando el mundo que los rodea pierde temporalmente su novedad y todavía no hay suficientes ideas internas. Entre los 7 y los 12 años siguen formándose la capacidad de regular las emociones y planificar acciones. A esta edad, aburrirse es completamente normal.
A los niños de primaria aún les falta experiencia para inventar rápidamente cómo entretenerse. Se aburren porque todavía están aprendiendo a gestionar su atención, a “cambiar de actividad” por sí mismos o porque no saben qué hacer cuando nadie les entretiene.
Por qué es importante no ignorar el aburrimiento
El aburrimiento en sí mismo es un estado natural. Pero si el niño solo sabe afrontarlo con dispositivos electrónicos o pidiendo entretenimiento constante, con el tiempo puede resultarle más difícil encontrar actividades por sí mismo. Esto puede afectar su iniciativa, su capacidad de estar a solas y de buscar ocupaciones sin ayuda externa.
Cuando el niño se enfrenta con frecuencia al aburrimiento pero no encuentra maneras de manejarlo por sí solo, puede resultarle más difícil regular sus emociones y mantener el interés.
Puede volverse más irritable o pasivo, terminar menos tareas y evitar la soledad. Además, puede no tener claro qué desea realmente. Por eso es importante enseñarle a vivir el aburrimiento, no a evitarlo.
Cómo ayudar al niño a superar el aburrimiento
Reconoce el aburrimiento
Aburrirse es normal. No lo minimices diciendo: «¿Aburrido? ¡Eso es genial!». Mejor di: «Te estás aburriendo. A veces pasa». Esto le da apoyo y reduce la ansiedad.
No ofrezcas una solución de inmediato
Da una pausa. En lugar de dar ideas listas,preguntea: «¿Qué podrías inventar tú?». Esto activa el pensamiento y la iniciativa.
Fomenta tareas creativas
Lego y otros juegos de construcción, manualidades, dibujo, escribir cuentos o cómics, experimentos, juegos con reglas. Todo esto ayuda al niño a crear sus propias actividades y a confiar en sus ideas.
No le rescates cada vez
Aunque el niño camine por la casa diciendo: «¡No se me ocurre nada!», dale tiempo. A veces el aburrimiento es solo un momento de transición entre la inactividad y la acción, y es importante que lo atraviese por sí mismo.
Crea una lista “antiaburrimiento”
Sentaos juntos y escribid de 10 a 15 ideas de cosas que se pueden hacer. Incluid actividades sencillas y creativas. La lista puede colocarse en el refrigerador o guardarse en un cajón.
Para ayudar al niño a aprender a encontrar actividades por sí mismo, podéis preparar con antelación una lista de ideas. Esto le apoyará en momentos de aburrimiento y le mostrará que la elección está en sus manos.
20 ideas para cuando hay aburrimiento
- Dibujar un cómic.
- Construir una casa con almohadas y mantas.
- Inventar un juego con reglas.
- Diseñar una tarjeta digital y enviarla a alguien querido.
- Hacer una tarjeta hecha a mano.
- Organizar una mini obra de teatro.
- Inventar acertijos para los padres.
- Ordenar cualquier cajón.
- Armar un rompecabezas o hacer un mosaico.
- Construir una pista para autos o canicas.
- Hacer un collage con recortes de revistas.
- Escuchar música y bailar.
- Buscar una receta sencilla y prepararla.
- Crear una decoración para la habitación.
- Inventar una historia y escribirla.
- Crear un escondite en la habitación y pensar cómo disimularlo.
- Diseñar una camiseta o pegatinas.
- Hacer una lista de lugares que le gustaría visitar.
- Inventar un personaje de cómic y dibujar su historia.
- Hacer un origami sencillo.
Cuando el aburrimiento requiere atención
Si el niño se aburre con frecuencia incluso en lugares nuevos y parece apático, irritable o triste, puede ser motivo para una conversación más atenta.
Las investigaciones muestran que el aburrimiento frecuente en niños puede estar relacionado con dificultades para gestionar la atención, baja motivación o mayor ansiedad.
En estos casos, conviene hablar con el pediatra o con un psicólogo infantil, quienes podrán ayudar a comprender las causas y apoyar al niño.
El aburrimiento no es un error ni un fracaso. Es un espacio donde nacen ideas, intereses y recursos internos. Si hay un adulto cercano que no se asusta ante estas palabras, el niño aprenderá a gestionarlo. Y con el tiempo, incluso a hacerse amigo de él.
Проверьте электронный ящик