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Parenting Checklist

Seguridad corporal y límites personales

Lo que los niños deben saber sobre su cuerpo, sus límites y el derecho a decir «no»

La mayoría de los adultos que abusan de los niños no son desconocidos. En la mayoría de los casos, se trata de personas que el niño ya conoce: familiares, entrenadores, amigos de la familia, vecinos.

Son personas en las que el niño confía.

Por eso, la protección más importante no es el miedo a los desconocidos, sino que el niño conozca sus propios límites y crea que puede acudir a ti para contarte cualquier cosa.

Esta lección no pretende asustar. Su objetivo es proporcionar a los niños claridad y vocabulario, y darte las herramientas para que estas conversaciones se produzcan.

El cuerpo pertenece al niño

Esto parece obvio. Pero muchos niños no lo saben porque ningún adulto se lo ha dicho nunca directamente.

Desde muy pequeños, los niños reciben mensajes contradictorios: «Dale un abrazo a la abuela»,

«Deja que te mire el médico», «No montes un escándalo». Todo ello parte de buenas intenciones. Pero lo que el niño capta es: mi cuerpo no me pertenece del todo. Los adultos saben más que yo.

Esa creencia es precisamente lo que hace que los niños sean vulnerables.

Díselo directamente: «Tu cuerpo te pertenece». Explícales que tienen derecho a sentirse incómodos

— y que lo digan. Que sus sentimientos importan. Que «no me gusta esto» es una razón suficiente para decir que no.

Los límites y el derecho a decir que no

Los límites personales tienen que ver con el cuerpo, el espacio y los sentimientos del niño. Son ellos quienes deciden quién puede abrazarlos, tocarlos o fotografiarlos. Y pueden decir que no a cualquier adulto, incluso a alguien que conozcan, incluso a un familiar.

Las únicas excepciones son la atención médica necesaria en presencia de un padre o madre, y las emergencias reales. Incluso en esos casos, la regla sigue siendo válida: el niño debe entender qué está pasando y por qué. Un médico se lo explica. Un padre o madre está presente.

Enseña la regla del bañador: las partes del cuerpo que cubre un bañador son privadas. Nadie debe tocarlas ni mirarlas, excepto un médico durante un examen (con un padre presente) o un padre cuando un niño pequeño necesita ayuda. Si alguien intenta romper esta regla, o le pide a un niño que la rompa con otra persona, que se lo diga a un padre de inmediato.

Esta regla funciona porque es concreta. Un niño no tiene que valorar matices: hay una línea clara que es fácil de recordar y de explicar.

Por qué importan los nombres anatómicos

Muchos padres utilizan nombres cariñosos para referirse a las partes del cuerpo. Suenan más suaves, más apropiados para un niño pequeño. Pero hay un inconveniente real.

Cuando un niño no conoce las palabras correctas, no puede describir con precisión lo que le ha pasado. Los adultos pueden malinterpretarlo o no darse cuenta en absoluto. En una situación en la que cada palabra cuenta, eso supone un grave problema.

Los niños que conocen los nombres correctos están mejor protegidos: pueden decir con claridad qué les ha pasado y dónde. Eso reduce la barrera para hablar y aumenta la probabilidad de que se les escuche y se les entienda correctamente.

Utiliza las palabras adecuadas en la vida cotidiana —a la hora del baño, en el médico— sin darle mayor importancia. Tu tono es la clave. Si lo abordas con naturalidad, ellos también lo harán.

Secretos buenos y secretos malos

No todos los secretos son iguales y los niños deben entender la diferencia.

Un buen secreto es una sorpresa que se revelará pronto y que hará felices a todos. Un regalo de cumpleaños, un viaje que se está planeando. No causa ansiedad y tiene una fecha de finalización.

Un mal secreto es aquel que hace que un niño se sienta ansioso, avergonzado o con miedo. Especialmente uno que un adulto les pide que no le cuenten a mamá o a papá.

Enséñales esta regla: si alguien te pide que le ocultes algo a tus padres, eso es precisamente lo que debes contarles a tus padres. Los adultos que tienen buenas intenciones no piden a los niños que oculten cosas.

Vuelve sobre este tema en diferentes contextos a lo largo del tiempo, no como una advertencia aterradora, sino como un hecho tranquilo y repetido. «¿Recuerdas lo que hablamos sobre los secretos malos? Este sería uno de ellos».

Situaciones que vale la pena comentar

Los niños responden mejor en momentos difíciles cuando ya han pensado en ellos, no en el calor del momento, sino con calma, en casa, contigo.

Abrazos y besos «por educación». Tu hijo no tiene por qué abrazar ni besar a nadie con quien no quiera: ni a un abuelo, ni a un viejo amigo de la familia. «Prefiero chocar los cinco» o «¿Puedo saludar con la mano en su lugar?» son alternativas perfectamente válidas. Apóyalos en ese momento, incluso delante de otros adultos.

Fotos y vídeos. Nadie debería fotografiar o grabar a tu hijo sin su consentimiento, especialmente en situaciones que le resulten extrañas, como en un vestuario o en traje de baño. Si un adulto le pide que no te cuente nada sobre una foto, eso es una señal de alerta.

Vestuarios y espacios privados. En un vestuario, un baño o una ducha, tu hijo tiene derecho a la privacidad frente a otros niños y a los adultos que conoce.

Exámenes médicos. Se trata de una excepción necesaria, pero uno de los padres debe estar presente, y el médico debe explicar qué está haciendo y por qué. Tu hijo no tiene por qué permanecer en silencio ni sentirse obligado a tolerar algo con lo que no se sienta cómodo.

«No se lo digas a tu madre». Y punto. Justo en ese momento es cuando se lo cuentan a su madre.

Hablar de esto a diferentes edades

Preescolar (de 3 a 6 años). Usa los nombres correctos de las partes del cuerpo en conversaciones cotidianas sin que se convierta en un momento incómodo. Sé sencillo: «Tu cuerpo es tuyo. Nadie debe tocarte de una forma que no te guste». Leed juntos libros sobre el tema; eso alivia la tensión y hace que resulte natural. A esta edad, los niños asimilan fácilmente las normas cuando se les transmiten con calma y de forma repetida.

Primaria (de 7 a 10 años). Habla en situaciones concretas: «Si alguien te toca de una forma que te parece mal, puedes decir que no y alejarte. Y cuéntamelo, sea lo que sea». Explica la diferencia entre los secretos buenos y los malos. Habla de a quién más pueden acudir si pasa algo: un profesor, el orientador escolar, otro adulto de confianza.

Adolescentes (a partir de 11 años). Sé directo: los adolescentes se dan cuenta cuando se les está manipulando, y eso les hace cerrarse. Menciona el ámbito digital: la presión para compartir fotos íntimas, la manipulación por parte de una pareja, la presencia de desconocidos en sus mensajes.

Deja claro que el consentimiento no es «que no hayan dicho que no». El consentimiento es «que hayan dicho que sí», y se puede retirar en cualquier momento.

Cómo responder si tu hijo te cuenta algo: esta es la parte más importante de toda la lección. Tu reacción en los primeros minutos determinará si volverá a acudir a ti.

Elimina inmediatamente el sentimiento de culpa. «Esto no es culpa tuya. Hiciste lo correcto al contármelo». Aunque hayan accedido a algo, no hayan dicho que no o se hayan quedado callados al principio, eso no es culpa suya.

Dales las gracias por confiar en ti. «Me alegro mucho de que me lo hayas contado. Sé que no ha sido fácil». Dilo en voz alta. Necesitan saber que han hecho lo correcto.

No los interrogues. No pidas detalles que no necesites. No hagas las mismas preguntas varias veces. Las preguntas repetidas causan un daño repetido. Pregunta solo lo necesario para entender la situación.

Anótalo. Anota —con tus propias palabras, sin interpretaciones— lo que te ha contado tu hijo y cuándo. Esto puede ser necesario más adelante para un terapeuta, un médico o las fuerzas del orden.

Busca ayuda. No tienes por qué afrontar esto solo. Puedes acudir a un psicólogo infantil, a una línea de ayuda y, si es necesario, a la policía. No lo dejes para más tarde y no intentes resolver situaciones graves dentro de la familia. Hay personas cuyo trabajo consiste precisamente en ayudar en estos casos.

Herramientas prácticas

Juego de roles. Representa una situación: «Un desconocido quiere abrazarte y tú no quieres que lo haga, ¿qué le dices?». Practica algunas frases hasta que te salgan de forma natural. Un niño que ya ha dicho las palabras en voz alta se las arreglará mejor que uno que está pensando en ello por primera vez bajo presión.

Dale frases preparadas. «No me gusta esto», «No quiero», «Se lo voy a decir a mi madre»: frases cortas, tranquilas, que no requieren explicación. No le deben una razón a nadie.

Habla con tus familiares. Hazles saber a los abuelos, tías y tíos que, si tu hijo no quiere un abrazo, tú lo respetas. Dilo delante de tu hijo. Así le demostrarás que lo dices en serio.

Repasa el círculo de confianza. ¿A quién, además de a ti, pueden acudir? Anota los nombres —y los números si es necesario— tal y como hiciste en la lección sobre salir solos.

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