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Parenting Checklist

«¡Cinco minutos más!»: ir al colegio sin prisas ni lágrimas

¿Cómo lograr que la mañana no se convierta en una prueba de resistencia? Los padres tienen prisa y se preocupan, el niño se demora y se distrae. Al final, el día apenas empieza y ya no quedan energías.

Veamos cómo prepararse para el colegio de manera que la mañana transcurra tranquila y cómoda para toda la familia.

Qué hacer la noche anterior

Si se deja más preparado por la noche, la mañana será mucho más fácil.

  • Revisad el horario. Recuerda al niño —o preparad juntos, si es pequeño— todo lo necesario. Así por la mañana no tendréis que buscar las pinturas para arte o el uniforme de educación física.
  • Preparad el almuerzo o la merienda. Es más cómodo sacar una lonchera lista del refrigerador que prepararla con prisas. Lo mismo con el desayuno: planificad el menú con antelación y dejad algo adelantado.
  • Dejad la ropa preparada. Cuando el uniforme o la ropa ya está lista en la percha, se evita el caos matutino y la frase «Mamá, ¿dónde están mis calcetines?».
  • Calculad la hora de levantarse. ¿Cuántos minutos necesitáis para prepararos con calma y llegar al colegio y al trabajo? Añadid un pequeño margen y programad la alarma según ese tiempo.
  • Acostaros a tiempo. Los niños de primaria necesitan unas 10 horas de sueño; los adolescentes y adultos, entre 8,5 y 9 horas. Si se acuestan un poco antes, será más fácil dormir tranquilos y despertarse descansados.

La mañana

En una familia numerosa, las mañanas siempre están llenas de tareas, especialmente si hay niños pequeños. Para que el día comience con más calma, podéis tener en cuenta algunos consejos sencillos.

  • Levantaros un poco antes que los niños. Así tendréis tiempo de tomar un café o empezar a preparar el desayuno mientras la casa aún está tranquila.
  • Dejad entrar la luz en la habitación. El cuerpo despierta mejor con luz natural, así que abrid las cortinas. Si todavía está oscuro afuera, pueden ayudar las lámparas con temporizador o un despertador que simule el amanecer.
  • Estableced un orden claro de acciones. Para los más pequeños pueden hacer tarjetas con dibujos: levantarse, lavarse la cara, cepillarse los dientes, vestirse, hacer la cama, desayunar, coger la mochila, ponerse el abrigo. A los mayores basta con recordarles qué deben hacer. Poco a poco se convertirá en hábito.
  • Reservad tiempo para el peinado. Si tenéis una hija, añadid unos minutos extra para trenzas o coletas.
  • Convertid la preparación en un juego para evitar conflictos. Por ejemplo, ver quién se pone los calcetines más rápido.
  • Mantened la calma. A veces la mañana no sale según lo planeado: el desayuno se quema o de repente descubrís que la mochila está vacía. En esos momentos, los gritos y las prisas no ayudan. Es mejor hacer una pausa, respirar hondo y buscar juntos una solución.

Ejemplo de rutina matutina para un escolar

Cada familia organiza su mañana como le resulte más conveniente. Algunos incluyen pasear al perro, otros priorizan hacer ejercicio, y para otros es imprescindible ducharse por la mañana. Todo es válido, lo importante es que la rutina se adapte a vosotros.

Aquí tenéis un ejemplo que podéis tomar como base y ajustar según vuestras necesidades:

  • Levantarse con la alarma o con la voz tranquila de mamá o papá —sin gritos.
  • Lavarse y hacer un poco de ejercicio.
  • Vestirse y hacer la cama.
  • Desayunar sin prisas.
  • Revisar la mochila y vestirse según el clima.
  • Asegurarse de llevar todo lo necesario: llaves, teléfono, tarjeta o pase, zapatos de cambio, libros.
  • Salir al colegio de buen humor.

Cómo enseñar al niño a prepararse más rápido

A veces la mañana se “alarga” por pequeños detalles. Por ejemplo, a alguien no le gusta cepillarse los dientes y se queda más tiempo en la cama; a otro no le apetece desayunar avena. Es importante identificar qué retrasa el proceso e intentar ajustarlo con suavidad.

Si no se logra cambiar la rutina de inmediato, pueden crear un sistema de motivación. Por ejemplo, hacer una tabla: si el niño realiza aquello que antes le costaba y lo hace a tiempo, gana un punto. Al final de la semana esos puntos pueden cambiarse por un pequeño premio, o acumularlos para algo más especial al final del mes.

Lo principal no es castigar, sino apoyar y elogiar. El niño está aprendiendo a cumplir con sus responsabilidades, y es precisamente su calma y atención lo que le ayudará a adquirir nuevos hábitos más rápidamente.

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