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Parenting Checklist

La vida escolar: el acoso y los conflictos

Cómo hablar con tu hijo sobre ello, a qué debes prestar atención y cuándo intervenir

Los niños pasan la mayor parte de su vida en el colegio, donde aprenden a hacer amigos, a socializar y a lidiar con situaciones difíciles. A veces, los niños se enfrentan en el colegio a problemas que solo los adultos pueden resolver: entre ellos se incluyen el acoso escolar y los conflictos graves.

Conflictos y acoso escolar: cómo distinguirlos

Los pequeños conflictos escolares son habituales. A través de ellos, los niños aprenden a defenderse y a marcar sus límites. El acoso escolar es diferente. Se trata del acoso sistemático a un solo niño que se repite una y otra vez. No desaparece por sí solo, y el niño no puede afrontarlo sin ayuda.

Tipos de acoso escolar

Físico: golpes, daños a las pertenencias, tocamientos no deseados;

Verbal: insultos, amenazas, bromas sobre el aspecto físico, el origen o la religión;

Social: exclusión, aislamiento, chismes, rumores falsos.

Cómo saber si un niño tiene problemas en el colegio

Es posible que los niños no hablen directamente de sus sentimientos, pero su lenguaje corporal y su comportamiento suelen delatarlos. Esto es lo que hay que tener en cuenta:

Renuncia a ir al colegio. Retrasos habituales, quejas de malestar y peticiones de quedarse en casa, o negarse a ir a las excursiones escolares, especialmente si esto no era habitual antes.

Irritabilidad, cansancio y bajón en las notas. Un niño que está pasando por un mal momento suele desquitarse con sus seres queridos y pierde interés por el colegio y sus aficiones, no porque se haya vuelto más vago, sino porque algo más le está quitando toda su energía.

Pedir dinero y mostrarse reacio a explicar por qué. El acoso suele ir acompañado de extorsión. Si un niño pide dinero cada vez con más frecuencia, pero evita dar explicaciones, eso es una señal de alarma.

Negativa a ir a determinados lugares. El camino al colegio, el gimnasio, el patio del colegio… Es posible que el niño evite los lugares en los que se siente vulnerable, sin explicar por qué.

Trastornos del sueño que duran varias semanas. No pueden conciliar el sueño, se despiertan por la noche o tienen dificultades para levantarse por la mañana. Si esto lleva sucediendo varios días o semanas, vale la pena hablarlo.

Hematomas, cortes, objetos rotos. Los niños se caen y se pelean; eso es normal. Lo que debería ser motivo de preocupación es la recurrencia: siguen apareciendo marcas y el niño no quiere o no puede explicar de dónde vienen.

Cada uno de estos indicios por sí solo no significa necesariamente nada. Pero si varios de ellos aparecen a la vez, hay que vigilar de cerca al niño y, tal vez, hablar con él.

Cómo iniciar la conversación

Si algo te parece raro, no esperes a que el niño acuda a ti. Elige un momento tranquilo, no justo después del colegio ni cuando estéis de camino a algún sitio. Empieza con una observación: «Me he dado cuenta de que últimamente llegas a casa cansado. Quiero saber si todo va bien». Esto le da al niño espacio para abrirse.

Qué hacer si el niño niega que haya un problema

A veces, un niño dice «todo va bien» incluso cuando es obvio que no es así. No es que mienta necesariamente: tal vez tenga miedo de que las cosas empeoren, se sienta avergonzado o, simplemente, no sepa cómo explicarlo. En esta situación, no le presiones ni intentes obligarle a confesar. En su lugar, hazle saber que estás ahí para él y que no tienes prisa: «Vale, te entiendo. Cuando quieras hablar, aquí estaré». Y mantente atento a lo que ocurre.

Qué hacer si, después de todo, se trata de acoso

Lo primero y más importante: libera al niño de cualquier sentimiento de culpa. Necesita saber que no es culpa suya y que esto le podría haber pasado a cualquiera. Dile directamente: «Me alegro de que me lo hayas contado. Te creo. No es culpa tuya. Te ayudaré».

Habla con tu hijo. Muéstrale que lo que está pasando no es normal: «Esto no debería estar pasando, y vamos a solucionarlo». Ayúdale a adoptar una actitud segura: la espalda recta, la cabeza alta y la mirada tranquila. No responder a las provocaciones también es una forma de actuar. No seas el primero en iniciar una pelea. Documenta todo: capturas de pantalla, fotos, fechas.

Habla con el colegio. Acude al profesor con datos concretos sobre lo que ocurrió, cuándo y quién estaba presente. Mantén la calma y concéntrate. Acuerda qué medidas se tomarán y en qué plazo. Si nada cambia, acude al director.

Si la escuela no actúa, eleva el asunto al distrito escolar, a la autoridad educativa local o, si es necesario, a las fuerzas del orden. Cambiar de escuela o de clase es el último recurso, y conviene saber que no resuelve automáticamente el problema. La misma dinámica puede seguir al niño a un nuevo entorno.

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